Siempre hay alguien que está peor.


agosto 29, 2011

La misteriosa libretita verde

Voy a develar uno de mis secretos guardados con más celo. No debería, porque es una prueba que podría ser usada en mi contra, llegado el caso. Pero creo que Ustedes merecen saberlo, en homenaje a los años que nos conocemos. 
 Les voy a contar la historia de mi libretita verde.

Muchos meses después de tenerla en mi poder, me enteré como había llegado hasta mí. Ni siquiera me había percatado que en un costado decía "Starbucks". Aparentemente la robé. (No! ¡No la robé en el bar, se la saqué a mi hija!). No puedo recordar el momento ni la situación. 

Es una Moleskine (esas que tienen un elástico sujetando las tapas) verde manzana, chiquita, con hojas lisas. Y siempre está conmigo. 
Que tenga una libretita en la cartera es de lo más común, tampoco vamos a armar un misterio por eso. Lo raro es llevarla a mi dormitorio durante la noche y ubicarla estratégicamente sobre la mesa de luz, junto a una lapicera.

Resulta que tengo problemas con el sueño. Siempre fue así y ya estoy acostumbrada, pero de un tiempo a esta parte estoy perdiendo la noción absoluta de lo que hago durante la duermevela, que es ese estado de semiinconciencia en el que el cerebro está dormido a medias. 
Por alguna razón desconocida, se me filtran los sonidos. Y en estado cuasi-zombie mi oreja le dice a mi cerebro que esos sonidos representados por palabras son IMPORTANTISIMOS para el desarrollo de mi vida futura. Y le dice algo más: que es INDISPENSABLE que los recuerde al día siguiente. Pero no se refiere a una frase completa sino una palabra, o dos a lo sumo.  Aclaro, todo esto se lo dice sin mi consentimiento y de forma oculta, así que yo ni me entero de lo que traman oído y cerebro. Y aquí entra la Moleskine. 

Es cierto que la llevo cuando estoy despierta, pero es ese tipo de cosas que uno hace automáticamente, como sacarse los zapatos antes de acostarse, por ejemplo. Y queda ahí, al lado de mi cabeza, entre el velador y el teléfono. Y cuando llega la mañana sigue en el mismo lugar donde la dejé, solo que una vez se me ocurrió abrirla y cuán grande fue mi sorpresa al ver palabras anotadas en cualquier sentido sin coherencia. Era mi letra, pero yo no había escrito eso, por lo menos de manera voluntaria.

Me costó mucho tiempo comprender, pero un día logré engañar a cerebro, haciéndole creer que estaba totalmente dormida. Y ahí me ví. Lo primero que recuerdo fue escuchar personas gritando en la calle. Uno le decía a otro "loco, traé más birra que se acabó". En ese caso la palabra llave fue "más", y ahí estaba escrita: grande, en medio de la hoja. También hay números, supongo que de teléfono, pero incompletos y en letras: "cuarenta y tres veintidos quince", extraídos de una publicidad del televisor del vecino de arriba. Un día apareció la palabra "lugar" en mayúsculas y subrayada, y algunas veces otras que, supongo, son fonéticas del inglés, tipo "chais". También nombres propios como Eduardo y recurrentemente el apellido Juarez. Esos aún no descubrí su procedencia.

Al principio no dí importancia a semejantes anotaciones. Hoy sin embargo, creo ser una señalada. Posiblemente sean designios o predicciones que debo interpretar. (Los números no salen a la quiniela, "no se hagan los rulos" que ya probé). Creo que estamos en presencia de un pronóstico para la humanidad. Algo así como Minority Report de entrecasa. 

Voy a ofrecer mis designios a una editorial. Por ahí, quien les dice, me publican un libro y soy más famosa que Ludovica Squirru. Total, para que me declaren loca siempre hay tiempo.