En mi familia hay una tradición impuesta vaya a saber por quién: los domingos se almuerza con los parientes. No interesa que durante la semana entre ellos se desconozcan, se insulten o se detesten, la costumbre se respeta.
La casa elegida siempre es la más grande, oh casualidad; la mía. Los diálogos que pueden escucharse durante la comida dejarían sin apetito a más de uno, sin embargo para nosotros son parte de la rutina. Aquí van algunos como ejemplo:
Suegra: ¿Llegué temprano?. Ay!, te ayudaría pero la artrosis me tiene las manos a la miseria...
Nuera: No se preogrmmmhijdptqtprió
Tía de la dueña de casa: Le tejí un saquito a la nena, a ver si le gusta...
Hija de la dueña de casa a los gritos: ¡¡Mamá, no soñarás que me voy a poner esa porquería!!.
Primo: Iba a traer un vino, pero los negocios estaban todos cerrados
Hermano del primo: ¿Cuándo?, ¿el primero de enero?
Esposa del hermano: Esa crema reafirmante es buenísima, me cambió la cara
Cuñada: Sí, se nota. Antes tenías cara de amargada, ahora tenés cara de culo.
Tía de la esposa del primo que vino de colada: Gracias por invitarme querida, no me quería quedar sola en casa.
Dueña de casa: ¡Por favor doña María!, es un gusto. Vaya a saber si en unos meses todavía la tenemos con nosotros.
Sobrinito menor: ¡¡Tío!! ¡¡Jujy no me presta el i-pod!!
Tío: ¡Nena, prestale esa cosa que quiere así se queda tranquilo y deja de ensuciar los sillones!
Pariente rico: Cazuela como la que preparamos en casa con los marsicos que trajimos de España, no comimos en ningún lado.
Pariente pobre: No sé, porque a nosotros no nos invitaste.
Como dirían los Campanelli: "No hay nada más lindo que la familia unitta"
# posteado por Ginger : 3:57 p. m.
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