Quien diga que no es aunque sea un poquito cholulo, es un mentiroso. Todos tenemos nuestra lista de actores/actrices/modelos/cantantes/deportistas famosos a quien cruzamos por la vida, y la sacamos a relucir ante el primero que diga: "No sabes, ayer vi a
fulanito". Ahí nomás presumimos replicando con un
"A la qué ví hace poco es a Moria Casan, de cerca parece un travesti". No cuentan por supuesto, aquellos a quienes vamos a ver especialmente, ya sea al teatro, a un recital o a la cancha. Eso no es ninguna emoción. Al famoso hay que encontrárselo. Y si encima por cualquier razón nos dirigiera la palabra, el orgullo henchido nos dura como el Magistral Ultra. Antes, la comprobación de semejantes encuentros se autenticaba con un autógrafo del personaje en cuestión. Cualquier papel que tuvieramos a mano era suficiente, desde una hoja de la agenda hasta el pañuelo usado. Ahora, los teléfonos celulares con cámara digital purificaron un poco la cosa. El pobre tipo ya no tiene que tocar lapiceras pringosas ni llenarse las manos de bacterias, alcanza con poner cara de nada pegadita a la nuestra de alegría.
Si el famoso tiene la desgracia de contarnos como vecinos, seguramente no nos quedará un sólo conocido que no lo sepa. Y el relato irá decorado con las veces que nos llamó por nuestro nombre o las que lo saludamos como si fuera de nuestra familia.
Por mi barrio hay varios, pero lamentablemente ninguno me resulta simpático como para hacer gala de ello. ¿A quién le agrada ser amiga de Baby Etchecopard o de Astiz?.
Sin embargo suelo encontrarme seguido con Jorge Rodriguez, el ex novio de Susana Gimenez. El hombre está lejos de ser una joyita, desde estafador a chanta le caben todas, pero tiene esa cosita tan vulgar que me gusta tanto. Nunca le dirigí la palabra (ni él a mi, por supuesto) hasta ayer. Será por los antidepresivos, pero me salió el tablón del alma y me dí el gusto de decirle un piropo. Venía en su nuevo mini couper negro justo en el momento que yo iba a cruzar la calle. Quiso la suerte que el semáforo se ponga en rojo y entre frenar o atropellarme, prefirió lo primero. Ahí nomás lo miré y dije: "negro, vos estás más bueno que el dulce de leche. Y yo tengo 20 años menos que Susana". La cara del tipo fue increíble, del asombro total pasó a la incredulidad y terminó en una carcajada. "Lástima que estoy comprometido" me contestó. "Y sí, no sabés lo que te perdés" fueron mis últimas palabras .
Ahora sí, ya tengo una anécdota nueva para incluír en mi catálogo de celebridades.
# posteado por Ginger : 4:37 p. m.
haloscan |

