Con excepción de la poesía, me gusta todo tipo de literatura. He leído novelas, ensayos, biografías, cuentos. Sin embargo, tengo predilección por las fábulas; esos relatos breves, generalmente de animales humanizados que terminan con una moraleja.
¿Quien no ha escuchado alguna vez "La hormiga y la cigarra" o "La Rana y el Escorpión"?. De todas las fábulas que conozco, seleccioné la que (a mi criterio) es una de las más instructivas y me gustaría compartirla con ustedes. No tiene nombre, pero dice lo siguiente:
"Recorría una mañana Yaguareté, el tigre, los mil senderos de la jungla. Bello y elástico, buscaba, como siempre, algo para calmar su apetito. Fue entonces, cuando en un claro del bosque, vió a Che Cambá, el mono, ocupado en mordisquear unas bayas. Pero Che Cambá también lo oyó, con su oído adiestrado en detectar los peligros de la selva, y corrió presuroso a treparse a un yatay, el Árbol de la Calumnia. Astuto, Yaguareté, el tigre, al pie del árbol le dijo al pequeño simio:
- Oye, Ché Cambá... ¿Por qué no bajas? Baja, por favor.
Che Cambá negó con la cabeza.
-Baja - insistió Yaguareté, mañoso- Quiero mostrarte algo que encontré hoy en mis correrías.
-Mientes - dijo el mono - Lo que tu quieres es comerme.
-Baja. Ya he comido. No tengo hambre.
Che Cambá pensó y, curioso como todo mono, al fin dijo:
- Sólo lo haré con una condición
- ¿Cuál?
- Que te ates con aquellas lianas, de tal forma que no puedas moverte.
Yaguareté vaciló un tanto
- ¿Con aquellas? - accedió por fin.
- Sí - dijo el mono jadeante.
En un periquete, Yaguareté, el tigre, tomó las lianas y con movimientos veloces y felinos enrolló todo su cuerpo con ellas.
Quedó en el piso, inmovilizado.
- ¿Estás conforme ahora? - preguntó entonces, con la voz sofocada por el apretado abrazo de las lianas - Baja. Baja de una buena vez.
Che Cambá, pese a su ansiedad de animal curioso, meneó la cabeza.
- Hazte otro nudo sobre las patas delanteras - indicó -. Veo que aún puedes moverlas.
A regañadientes, Yaguareté obedeció.
-Baja ya. Baja de una vez por todas - pidió impaciente.
Che Cambá, el mono, comenzó lentamente a descender del Árbol de la Calumnia. Sin embargo, su cuerpo se veía estremecido por repentinos temblores.
-¿Por qué tiemblas ahora? - se ofuscó Yaguareté, el tigre- ¿A qué le temes? Si estoy tan amarrado que no puedo permitirme ni el más mínimo movimiento...
-No tiemblo de miedo. Tiemblo de nervios. Porque es la primera vez... -sonrió el mono-...que voy a culearme a un tigre"
Moraleja: No pidas nada con tanta insistencia. Puede pasarte lo que le pasó al tigre.*
*Del cuento Leyendas del Litoral, libro "El Rey de la Milonga" - Roberto Fontanarrosa
# posteado por Ginger : 6:09 p. m.
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