La cosa es así: estamos remodelando un departamento al que nos iremos a vivir ni bien esté terminado. Se supone que debe ser lindo arreglar algo con nuestro gusto, sobre todo tratandose de la casa que nos albergará. Sí y no. Más no que sí. Pocas cosas son más estresantes para mí que estas. No se trata sólo de elegir el color de las paredes o los sanitarios para el baño. Acá hay que pensar. O sea, pensar por ejemplo que los cerámicos para el piso de la cocina deben ser oscuros, porque se nota menos la mugre y además llevan pastina gris, la blanca se mancha y es imposible sacarla. Pensar que el baño es chico y no entra el canasto para la ropa sucia, ¿adonde lo ponemos entonces?. Además está el hecho de mi escasa imaginación a futuro. Me resisto por todos los medios posibles a ver como avanza la construcción, y mi marido me obliga de todas las maneras existentes a ir. Donde hay un rectángulo con paredes picadas, él ve una cocina completa. Yo llego hasta la bolsa de cemento. Sin embargo siempre encuentra la excusa justa para llevarme. Cuando no se trata de la ubicación de los toma corrientes, es la conexión para el lavarropas, y así hasta el infinito. Y yo vuelvo cada vez más amargada.
El arquitecto Rodolfo Livingston, entre otros muchos libros que publicó, escribió uno llamado "Cirugía de Casas" donde describe de manera inapelable a personas como yo. Hace mucho que lo leí y no recuerdo las palabras textuales, sin embargo decía algo así:
"La mayor manifestación de ansiedad se puede observar en propietarios que deciden construir o remodelar una vivienda. Los albañiles, plomeros, electricistas, ceramistas y ni que decir del arquitecto, son víctimas de esta constante tortura ansiolítica. El dueño no se conforma con la visita diaria que religiosamente lleva a cabo en la obra, además incluye la dominguera a la que va acompañado siempre por un amigo que, nunca falla, deberá reunir la característica de "pinchaglobos". Así, a la inseguridad propia de quien construye, se suman los malos presagios ajenos. Todo empieza con
a) La ubicación de la vivienda.
Pinchaglobos: - ¿Acá compraste?. Erraste che. Mucho tránsito
Dueño: - ¡Pero si la ubicación es buenísima! Tenemos transportes para el centro, para el sur, para el norte...
P: - Ja!, contámela cuando los ruidos no te dejen dormir.
b) La obra en sí misma. (las paredes están sólo con revoque grueso, es decir, gris plomo)
P: - Che, este ambiente es muy oscuro, te convendría agrandar la ventana.
D: - ¿Te parece?, mirá que el ventanal es de pared a pared, ¿dónde querés que ponga otra?
P: - Ah, no sé. Yo estudié farmacia, no arquitectura.
c) El baño
P: - A ver... prestame la cinta métrica... No. No hay caso. Acá no entra el vanitory que elegiste.
D: - Justamente, cuando lo fuimos a comprar tomamos la distancia entre la puerta y la bañadera...
P: - Después no te quejes. Acá van a pasar de costado. Yo te aviso.
d) Los dormitorios
P: - ¿Ese color eligió Gonzalo? Achica la pieza.
D: - Pero tiene mucha iluminación. Fijate que recibe luz solar todo el día...
P: - Ah sí? ¿y los días que está nublado?
e) Los muebles.
P: - ¿Los sillones al lado de la ventana?. Son blancos, se te van a ensuciar de tierra todo el tiempo
D: Bueno... los lavo...
P: - ¿Vos sabés lo que sale lavar sillones? Te conviene retapizarlos.
D: - ¿Vos decís...?
Lunes 7:00 A.M.
D: - ¡¡¡¡ARQUITEEEEECTOOOOO!!!
Exactamente así es mi situación por estos días. ¿Ahora les queda claro muchas cosas?. Bueno, para que lo sepan.
# posteado por Ginger : 11:48 a. m.
haloscan |

