Dentro de poco tiempo (algo así como un mes) deberé pasar por una cirugía que terminará con la lotería que ofrece como premio saber cuando seré definitivamente menopáusica.
La decisión la tomé después que el médico probara conmigo todas y cada una de las medicinas que ofrecen los ochocientos laboratorios farmacéuticos que pueblan este humilde país. Aparentemente, este hombre entendió mal una conversación que tuvimos hace años, cuando le comenté mi intención de ser conejita de Play Boy y me usó como conejita, pero de Indias.
Empezó dándome estrógenos. Como quiero saber todo, pregunté que efectos tenían:
- Los estrógenos dependen de cada mujer, me dijo. En algunas son muy efectivos y en otras no sirven. Previenen el Alzheimer pero provocan demencia senil. Pueden darte cáncer, pero evitan los infartos, aunque en algunos casos generan las dos cosas. También son buenos contra la oteosporosis, aunque aumenta el riesgo de ataque cerebro vascular. ¡Tomalos tranquila!.
Los estrógenos me sacaron pelos en la barbilla, me aumentaron los calores, me secaron desde la boca hasta ahí abajo, pero solucionarme el problema, ni por casualidad.
Así que pasamos a las progesteronas. Nuevamente quise saber de qué se trataba y otra vez el médico quedó afónico explicando:
-La progesterona regula el período menstrual, pero aumenta la retención de líquidos forzando el riñón que termina creando cálculos y si no se pueden eliminar en forma natural, hay que sacarlos mediante cirugía. En algunos casos, algo así como el 99%, tiene cierto efecto depresivo sobre el ánimo, y también aumenta el ritmo respiratorio que lleva a una taquicardia de moderada a intensa. ¡Esto seguro que funciona!.
Otro año más tarde, después de tomar un vaso de agua, la panza me crecía como un embarazo de nueve meses, pero la causa de mi desgracia seguía muerta de risa.
En la siguiente visita aceptó que nada había servido, pero insistió en una nueva batería de hormonas lanzadas por el laboratorio Piringuito, que estaba en etapa de pruebas, pero prometía excelente resultados, siempre que una ignorara los efectos secundarios, como volverme la mujer barbuda del circo, adquirir cuerpo masculino y cambiar la voz de soprano por una de barítono. Todos y cada uno de sus vaticinios se cumplieron, excepto la cura al problema.
Volví a consulta al grito de ¡Quiero mi menopausia ya!. Me miró por encima de sus lentes, se asustó de mi aspecto de loca suelta, producto de tanto químico acumulado en mi cuerpo, y dijo: la otra opción es la cirugía. ¡¡Ya mismo!!, le dije, aunque con los antecedentes pasados, bajé la voz y pregunté por las consecuencias.
Ninguna, me contestó.
Pensé en los años de sufrimiento, en la fortuna regalada a la farmacia de la esquina, en los pelos, la panza, los dolores...
Sobre su escritorio había un pisapapeles de mármol con un hermoso logo de Laboratorios Roche grabado en el frente. Lo levanté con cuidado y se lo clavé en la cara con todas mis fuerzas. Cuando salí le sangraba la nariz y había perdido cuatro molares, pero aún así no lo saludé.
A fin de mes me opero.
# posteado por Ginger : 8:17 a. m.
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