En uno de esos arranques de cultura que me agarran cada tanto, el martes pasado fui a la entrega de premios de un concurso sobre cuento y poesía realizado por una prestigiosa fundación que no pienso nombrar para que no se enteren los miembros integrantes y me prohiban la entrada a eventos futuros.
El acto se llevaba a cabo en un auditorio de la Biblioteca Nacional, y allí me dirigí bañada y perfumada para dar buena impresión a las señoras pitucas que asistían.
Elegí el asiento con cuidado, pensando en las ventajas de estar relativamente cerca del escenario, pero lo suficientemente lejos como para que no vieran mi cara las premiadas, sobre todo las poetizas. Si quieren saber porqué, pueden preguntarle a Dudita, que es nuestra Alfonsina Storni de la blogósfera.
Cuando uno más elige, peor es. Se los digo por experiencia. Adelante mío se instaló una señora mayor, muy mayor, que llegó protestando por los cinco escalones que necesitó subir para estar a su ¿disgusto?.
Como todo acto que se precie, inicia con algunas palabras de los directivos y algún miembro del jurado. En la sala había un niñito que dijo "mamá" dos veces. A la tercera, la señora muy mayor empezó a chistar como una bandada de lechuzas. El nenito se asustó y empezó a llorar. La señora dejó su chistido de lado para gritar que lo hagan callar, provocando ella misma que el resto de los concurrentes no pudiese escuchar nada. Una vez desalojada la sala de menores, se tranquilizó hasta que una señorita que se encontraba a su derecha, tuvo la mala idea de hacer un comentario a otra, en voz baja. Esta vez, la cuidadora de actos no se conformó con pedir silencio. Agarró a la chica por los hombros y la sacudió hasta despeinarla. Los concurrentes estabamos más interesados en saber si llegaba al punto de pegarle que en escuchar los discursos. Lamentablemente la chica se quedó quieta y no pasó a mayores.
Mientras tanto, estaban entregando los premios y menciones a Poesía. Concluído esto, se procedía a la lectura de las tres ganadoras, a cargo de una vieja actriz de nombre Silvia y por esas desgracias de la vida, muy amiga de una de mis tías. Entró caminando con unos tacos tan altos como ella misma, tratando de sujetarse de lo primero que encontrara para no caer, aunque para ser honesta, eso era justamente lo que todos esperábamos. Recitó el primer poema relativamente bien, aunque con lo pesado y aburrido que era, nadie hizo mucho esfuerzo por dedicarle atención. Pero al llegar al premiado, los hilos de tanta cirugía estética le hicieron contacto porque se puso como loca y lo declamó con tanto entusiasmo que parecía más un boudeville que una poesía. Además, esta obra tenía partes en inglés, que ella hizo inentendibles hasta para un traductor. Movía los brazos enloquecidos al grito de RAINAGAINOFDELAI y levantaba la cabeza al cielo como poseída.
A esa altura yo estaba descompuesta de risa, tirada debajo del asiento de la señora mayor, que se quejaba porque los tornillos del mismo estaban flojos, sin percatarse que eran mis espamos.
Acto seguido se procedió a entregar los premios de cuento y nuevamente Silvia subió al escenario. El primero (o sea, el tercer premio) era de una cubana con un sentido del humor sumamente desarrollado. Bah, como me gusta a mí. El último, una suerte de bodrio interminable, que hablaba sobre el mar y las gaviotas y las focas... Parece que por entonces ella estaba aburrida, porque su voz se volvió monótona y al final uno no sabía si hablaba sobre Mar Chiquita, sobre el Caribe Venezolano o sobre las costas del Océano Indico.
Cuando por fin finalizó la tortura de la lectura, pasamos todos a una sala donde se ofrecía un brindis, cosa que por supuesto, no pensaba perderme. Mientras hablaba tranquila con mi tía, la actriz apareció cual diva de Hollywood, parando, sonriendo, saludando y buscando a alguien que le preste atención... ¡Y fue ahí donde me vió!. Juro que se me atragantó el espumante que estaba tomando cuando la escuché gritar ¡¡¡GINGEEEEEEEEER ESTAS HERMOOOOOOOOOOOSAAAAAAAAAA!!!, mientras los demás se daban vuelta y buscaban a la "hermosura".
No recuerdo si me despedí de las personas con las que hablaba, lo último que tengo en la memoria fue huir desesperada antes que me cuente a los alaridos sobre su hijo, actor y cantante desconocido.
La próxima vez que decida ir a uno de estos eventos, voy a asegurarme que ella no esté. Esto me pasa por pertenecer a la farándula.
*Con cariño para las chicas de la Fundación. Ellas saben.
# posteado por Ginger : 5:02 p. m.
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