Hace mucho tiempo, cuando era joven, tenía tres admiradores que me pretendían. A todos los rechazaba con la misma frase: "sos una gran persona, pero estoy enamorada de otro", sin aclararles, por supuesto, que ese amor era unipersonal. Yo amaba al otro y él me ignoraba.
De los tres, uno estudiaba ingeniería. Era feo como un accidente y la misma proporción de parco. Se declaró una tarde y ante mi negativa, desapareció para siempre.
El segundo era lo opuesto: estudiante de arquitectura, bellísimo y ganador. No podía aceptar que, lejos de ser una diosa del Olimpo, no cayera rendida a sus pies. Un día también desapareció.
El tercero era el peor. Insistente, pesado y aburrido, pasaba las horas relatando lo último aprendido en su clase de Veterinaria. Me presentaba a todos como "su novia", ante mi mirada desorbitada. Lo soportaba con paciencia porque era amigo de un amigo. Pero todo tiene un límite.
Este llegó el día que apareció por mi casa con un papel enrollado y atado con cinta rosa. "Escribí una poesía para vos" me dijo. Y la recitó en la vereda a grito pelado, mientras yo me reía a carcajadas y le decía que era lo más ridículo que escuché en mi vida. Fue la última vez que lo ví.
El pobre muchacho no hizo más que utilizar uno de los métodos más antiguos, conocidos y en algunos casos efectivo, para conquistar a una dama.
Es sabido que la poesía no es de mi predilección, pero no niego la existencia de grandes autores, ni que el gusto popular, en general femenino, suele inclinarse hacia ahí.
Internet es un reducto ideal para poetas aficionados. Si se trata de mujeres, en general su impulso creativo obedece a un espíritu romántico y la escritura, buena o mala, sale de lo más profundo del corazón. En el caso de los hombres, el 90% lo hace para levantarse minas, no jodamos.
Basta con recorrer un poco las páginas dedicadas al tema, para descubrir varoncitos de todo tipo. Algunos me provocan un ramalazo de ternura por su ingenuidad. A otros directamente los exiliaría en Plutón. Pulula por la blogósfera una variedad de predadores mamarrachos, adictos al Viagra, tristes y mentirosos ladrones y, lo más lamentable de todo, ya mayores para tanto papelón (de 50 en adelante) que pretenden mostrar a las féminas una sensiblería patética. Usan la ventaja del anonimato detrás de un monitor, para inventarse una vida irreal. Cuentan penas de amor inexistentes, a fin de provocar lástima en alguna que otra crédula y por supuesto, algunas veces lo logran.
Lo gracioso de la situación es que esta fantasía que se armaron es el opuesto a su cotideaneidad: ellos dicen haber sido abandonados por una malvada mujer, en el mismo momento en que la esposa les lava los calzones.
Obviamente no son creativos, aunque en su componente psicópata utilizan técnicas admirables. A una puerta, por ejemplo, ellos le encontrarán la veta romanticona que hará pishar de amor a las lectoras que logró enganchar, y de risa a las que ven al predador con su cara original: un vulgar levantaminas cibernético.
Si alguna de ustedes, queridas amigas, fue víctima de uno de estos tilingos, no se culpe. Acuse a su tierno corazón femenino. O al horóscopo. O a lo que quiera. A la larga estos poetas de chicle Bazooka quedan al descubierto, y las damas lo recordarán, como mucho, con un embole de puta madre, dicho en buen criollo. Pero eso es todo.
Los lectores varones y poetas de este blog, quedan comprendidos en el 10% que NO pretenden levantarse minas, sinó que usan la poesía como manifestación de su espíritu sensible. Todos, menos uno.
# posteado por Ginger : 8:53 a. m.
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