Pueden decir que no, pero será una mentira. Todos, absolutamente todos creemos que haciendo determinadas cosas atraemos a la mala suerte. Por supuesto, varía según las personas; el mufa mufa es personal, individual y sui generis. Es cierto que algunos se han extendido y masificado. Por ejemplo, nadie nombra a un ex presidente argentino si tocarse inmediatamente una parte pudenda de su cuerpo, según sea varoncito o niña.
Pero después están los propios. Algunos no pasan debajo de una escalera, otros no agarran la sal de manos de un tercero... y así.
Yo tengo los míos, desde luego. No resisten el menor análisis lógico y sin embargo los cumplo estríctamente.
Nunca pero nunca me corto las uñas de noche. Eso incluye limarlas también. Las uñas se cortan de día, especialmente las de los pies. Porque las hadas-recoge-uñas-cortadas son malvadas y el sol las neutraliza. Vale igual si está nublado.
Tampoco digo la palabra "suerte" cuando deseo que a alguien le vaya bien. Exitos, fuerza, merde están permitidas pero la otra es sinónimo de desgracias. Y si me la dicen a mi, hago como que no la escucho. Nunca saldrá de mi boca un "gracias". A lo sumo un "bueno", o como mucho un gssrrss inentendible.
También están las lechuzas. No, no me refiero a las señoras chismosas sino a las aves de ojos redondos y mirada fiera. Por cada grito que pegan (y yo oigo) hago cuernitos con los dedos.
Una vez llegué a atrofiarme los huesos de la mano porque estando en el campo de unos amigos, los perros cazaron una. Que no las quiera no significa que les desee la muerte, así que con la ayuda de un peón la rescatamos (ya saben que yo le tengo pánico a cualquier bicho con plumas), la pusimos en una caja y me la llevé a casa. Mi papá que en lugar de matar mosquitos los ahuyenta ("ellos también tienen derecho a vivir" dice), se encargó de curarla y alimentarla. Obviamente la lechuza chistaba todo el día y yo me la pasaba con la mano agarrotada. Cuando por fin estuvo en condiciones de volar, tuve que hacer un tratamiento de rehabilitación en un instituto de kinesiología.
Pero a nada le tengo más miedo que a la risa. Justamente yo, que tengo la carcajada fácil. No me refiero a sonreir o a festejar un chiste. Hablo de reirme sin parar hasta que me caen lágrimas de los ojos. Porque en esos casos, en mi cerebro se prende inmediatamente una luz avisándome que la cantidad de risa vertida es proporcional al llanto angustioso que derramaré.
Y desde hace unas semanas estoy así: esperando la desgracia.
Debe ser que mi biorritmo está muy alto, o que la gente está exageradamente graciosa, pero en este último tiempo no puedo parar de reirme. Incluso cuando no hay motivos, simplemente me acuerdo de sucesos ocurridos recientemente y ahí está: la carcajada que no acaba.
Escribo este texto con dos intenciones: buscando neutralizar la mufa, porque es el único antídoto que se me ocurre, y la segunda es tenerlos en aviso que si algo malo me ocurre, ya saben, la culpa es de la risa. Y lo peor: sientanse responsables, porque muchas veces fueron ustedes las que me la provocaron.
# posteado por Ginger : 8:27 a. m.
haloscan |

