Un año entero pagando todos los meses la cuota (era como tener expensas dobles), esperando desesperadamente que llegue el día (para dejar de pagar).
Y llegó. La menor de la casa, si no contamos al gato, el lunes se fue a Bariloche. Viaje de egresados. 9 días de excesos con el consentimiento de los padres que sonreíamos cuando los despedimos, rogando íntimamente no tener que salir corriendo porque la púber se agarró un coma alcohólico, o se quebró una pata esquiando, o cayó al Nahuel Huapi, o se sacó un ojo jugando al paintball, o lo peor de todo: nos llame al tercer día pidiendo un giro porque gastó hasta el último centavo que le dimos.
El primer dolor de cabeza es la valija. Dos días de viaje y siete efectivos en la ciudad. Pagamos extra para que los provean de ropa de nieve y barro que usan desde la mañana a la noche, pero no fue suficiente. Empezó la tortura cuando ví el montón sobre la cama: 6 jeans, 5 calzas, 5 joggings, 2 polleras, 12 (sí ¡12!) remeras manga corta y 8 (sí ¡8!)remeras manga larga, 6 buzos, 4 puloveres, 3 sacos tejidos, 2 juegos de pantalón y camiseta térmica, 3 cuellos polares con su correspondiente gorro (porque no es cuestión que no combinen), dos pares de guantes para nieve (los de ella y los del hermano) y uno de lana, 16 pares de medias, 10 bombachas (¡a ver si no alcanzan y tiene que lavar alguna a mano, todavía!), 2 bikinis para la pileta (¿cuál pileta?), 2 pares de botas (marrones y negras), 2 pares de zapatillas (cuero y tela), cepillo para el pelo, cepillito para el pelo, peine para el pelo, planchita para el pelo, rizador para el pelo, gomitas para el pelo, hebillas para el pelo, vinchas para el pelo. Maquillaje (los de ella y los míos), cremas (desmaquillantes, nutritivas, protectores solares, adermicina por las dudas, para labios, para manos), neceser con productos de higiene (shampoo, crema de enjuague, jabón, dentífrico, cepillo de dientes), celular, cargador de celular, mp3, cámara de fotos, cds. varios. Total: 2 valijas completas y una mochila.
Salían a la una de la tarde desde la puerta del colegio de Olivos (mi hija pretendía hacer este viaje dos veces: con su antiguo colegio y su nuevo colegio. Después de bajarla a la realidad a sopapos, se decidió a ir con el antiguo). Allí estabamos los padres esperando el micro, mientras los viajeros se reunían en una plaza cercana. Llegaron diez minutos antes con bombos, bengalas, papelitos, banderas, carteles, gritando y saltando, para oprobio del director que pasaba del color gris verdoso al morado hipertenso. Una hora después se iban acompañados por dos coordinadores de la edad de mi hijo, que miraban a las chicas con lascivia.
Al rato de la partida empieza la angustia. ¿Llegarán bien? ¿los choferes serán responsables?. Para aplacarla (a la angustia) están los celulares. Primera mensaje de texto: 3 de la tarde. "¿Cómo va todo?". "Le estamos pegando al coordinador por poner videos de Ricky Martin", contestaba. Segundo mensaje de texto: 3:45 de la tarde. "¿Y ahora que hacen?". "Un concurso de baile contra el San Andres" respondía. (¿Un concurso de baile arriba del colectivo?). Al quinto mensaje mi hija fue terminante: "Ma, dejá de romperme las pelotas", y apagó el celular.
Desde entonces llamó dos veces. En ambas puse el mismo disco: "Julia, por favor, no gastes en pavadas, abrigate, no gastes en pavadas, no tomes mucho, no gastes en pavadas, dormí un poco, no gastes en pavadas". Ahora llama al padre.
A ver, cuando fui a Bariloche de viaje de egresados me pasé 8 días sin dormir, tomé hasta el agua de los floreros, corrí, salté, grité y necesité un día de descanso para recuperarme. Pero ahora ¡soy la madre!, así que no me vengan con eso de "¡No seas hinchapelotas, que vos también lo hiciste!". Ya los quiero ver cuando les toque a sus niños. Les va a pasar lo mismo que a mi: 9 días con el corazón en la boca y un deseo desesperado por retroceder el tiempo y tener otra vez, 17 años.
# posteado por Ginger : 8:42 a. m.
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