Narda Lepes es igualita a vos, dijo Gingero con la misma seguridad que Einstein expuso su teoría sobre la relatividad.
Es verdad, le contesté, si obviamos que ella tiene 15 años y 10 centímetros menos, cara alargada y la mía es redonda, es cocinera y yo necesito receta para preparar café con leche, ella viaja por el mundo probando comidas y a mi me alcanza para llegar hasta el Correo Central con el 109..., ¡tenés razón, somos iguales!
No, no, insistía. Me refiero a que las dos se comen los cubitos de caldos así, sin disolver.
Esta conversación surgió porque el domingo mi marido cumplió años, y mi hijo no tuvo mejor idea que regalarle el libro de mi clon, con el que me tortura desde entonces prometiendo preparar algunas de las asquerosidades que esta chica enseña en él.
Si algo me exaspera de los cocineros, son los ataques de creatividad que descargan sobre los pobres mortales que andamos cerca, pretendiendo que probemos preparados que, a ellos se les ocurre, a nosotros deberían fascinarnos.
Les encanta jugar al científico loco mezclando ananás con mostaza o paté de pavo con un "toquecito" de almibar. Y ahí se los puede ver, gastando fortunas y tiempo en buscar por toda la ciudad un lugar que venda hongos de ciprés para preparar Harira, comida marroquí que les gusta solo a los marroquíes y eso porque no les alcanza para comer otra cosa.
Nada los ofende más que les digamos que tal o cual plato no nos gusta. En mi caso, la expresión que uso para estas situaciones es "Puaj, que asco, comete vos esta porquería", frase que comienza irremediablemente una pelea donde el pseudo cocinero con el que convivo, pretende mi ingestión usando varios métodos que van desde los pobres niños desnutridos de Biafra hasta el derroche monetario del que soy culpable por desperdiciar comida, tirándola a la basura.
Siempre tuve la teoría que aquellos que hablan maravillas de comidas exóticas donde se mezclan lo dulce, lo relajante, lo salado y lo amargo en un solo plato son capaces de cualquier cosa por snobismo, o bien tienen atrofiadas las papilas gustativas. O lo que es peor: nunca lo probaron y se están mandando la parte. ¿Quién puede decir que es rico el farafel oriental, revuelto de garbanzos, coco y peras?. Yo paso, para mí una milanesa con fritas, por favor.
Estoy buscando excusas para ausentarme de casa los días en los que mi marido pretenda usar su regalo, y en castigo, haré quedar al autor de esta desdicha (el que se lo obsequió) sentadito a la mesa esperando su merecido.
¿Qué le regalé yo?. Una hermosa camisa con mucho poliester, como todos los años.
# posteado por Ginger : 12:09 p. m.
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