De todas las cosas con las que me dotó la naturaleza, la más lamentable es mi perfecta sordera musical. Jamás pude distinguir un do de un fa. Mi madre nunca pudo comprenderlo y en mi niñez pretendió convertirme en una eximia pianista. Me inscribió en una academia y allí partí con un cuadernito pentagramado y los dedos agarrotados. A pesar de los esfuerzos de la profesora lo máximo que llegué a interpretar fue el "Feliz Cumpleaños" y con una sola mano. Dado que el piano no era para mí, mi madre no se dió por vencida y me mandó a aprender guitarra. A los cuatro meses de asistir murió el docente, aún vuela en mi conciencia si su infarto no fue producto de mi canto desafinado y el esfuerzo por enseñarme los acordes de la zamba. A los catorce me enamoré perdidamente de un integrante de la Banda Municipal de mi pueblo. Como plan de conquista quise yo también formar parte de ella soñando con ejecutar glamorosamente el saxo, o por lo menos la flauta traversa. Pero no pude engañar con mi ineptitud a los directores y para conformarme pusieron a mi cargo un gigantesco trombón. El enamoramiento me duró el tiempo necesario para comprender que nunca podría aprender a tocar La Marcha de San Lorenzo. Y allí terminaron mis experiencias musicales.
Hoy mis hijos se aterrorizan cuando nombro a ACDC como "esos que gritan mucho". Sin embargo, algún resabio ancestral hace que me apasione cuando escucho cantar cualquier tema de Andrés Calamaro y los tangos (solamente) de Cacho Castaña. Hubiera sido peor que me gustara Daniel Agostini.
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CastpostListo, ahora se escucha. Mi eterno agradecimiento a Sil, a Bater que deja de estudiar para llevarme el apunte, y, nobleza obliga, el tango se lo dedico a Casciari.
# posteado por Ginger : 9:01 a. m.
haloscan |

