Resulta que en mi barrio están todos peleados entre sí. Mi vecina de la derecha odia a mi vecina de la izquierda por culpa de una parrilla. Es que a la vecina de la izquierda le encanta comer asado y la de la derecha se queja porque le inunda de humo el dormitorio de su hijo. Es común escuchar los gritos de ambas en el ring que utilizan: mi terraza. El señor del 2420 está enojado con el del 2442 porque este agranda su casa sobre la medianera del 2420. La vecina nueva suelta religiosamente sus perros a las ocho de la mañana. Grandes los perros. Los canes cruzan la calle, también religiosamente, y se meten en la panadería a comer las medialunas de las bandejas. Todos los días se puede oír al panadero insultando a la vecina nueva. La viejita que vive casa de por medio con la mía no quiere a nadie. Es una alemana de ochenta y pico. Como unas ramas de la enredadera de la casa contínua tuvieron la mala idea de trepar a su patio, la viejita compró un bidón de nafta, la roció y le prendió fuego.
La única que está en buenas relaciones con todos soy yo. Y posiblemente se deba a mi naturaleza "enojona" pero no "peleona". Es decir, cuando algo no me gusta me enojo (para adentro), insulto (para adentro), planeo venganzas (para adentro) y a los diez minutos me olvido. Sólo recuerdo dos veces que mi ira se hizo visible, pero en ningún caso afectó la relación de vecindad. Una fue cuando un ladrón pretendió entrar a mi casa y en un acto de valentía que otros llaman irresponsabilidad, lo corrí con el palo de hockey de mi hija. La segunda, salí dispuesta a romperle la cara con la plancha a un sodero que estacionó su camión en la salida de mi garage justo cuando sacabamos el auto. Como verán, en ambos casos la reacción fue justificada. Sin embargo, mi canalización de violencia la tengo a través de los sueños. Todas las noches recurrentemente me peleo con alguien. A los gritos. Pocas veces son caras conocidas (es que soy muy imaginativa). Anoche por ejemplo soñé que estaba en un restaurante almorzando con mi marido y ¡el ayudante del verdulero!. En un momento quise servirme ensalada y no encontraba los cubiertos, así que decidí pedir prestada la cuchara de la mesa contígua (¡qué asco!). La mujer que estaba sentada allí me dijo que no, porque la cuchara era suya. Tanta rabia me dió su falta de generosidad que empecé a gritarle "¡CARA DE CULO, CARA DE CULO!". No recuerdo el resto (o no quiero, aún no comprendo el moretón que tengo en el ojo), pero sí que me levanté totalmente enojada.
Si alguien tiene una solución para mi caso, por favor que me lo diga. Por ahora decidí empezar a practicar boxeo.
# posteado por Ginger : 4:46 p. m.
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