Yo no creo en brujas, pero tengo la absoluta certeza que un espíritu resentido por su color de ectoplasma, cada tanto descarga sus iras sobre mí. No son situaciones aisladas. No. La maldición dura todo el día y no sirve llenar la casa de sahumerios. Es como los virus de la gripe, por mucho remedio que tomes, hasta que no cumplen su ciclo no te curás. Ayer, el desgraciado atacó de nuevo:
Abrí un ojo sabiendo que algo estaba mal. Traté de encontrar los numeritos verdes del reloj y nada, no estaban. Pulsé la perilla del velador y ahí tuve la respuesta: no había luz. Corrí al baño y me cepillé los dientes con el cepillo de alguien, rogando que la pasta que ponía fuera crema dental y no antihemorroidal. Tanteando paredes bajé a la cocina, tiré varias cosas en el camino hasta llegar a los fósforos, encendí uno y me percaté que debía estar levantada hacía media hora. A los gritos desperté a los infantes, mientras buscaba las velas de souvenir que trajo mi hija de los veintipico cumpleaños de quince a los que fue. Cuando prendí la última, milagrosamente Edenor decidió darme luz. Me calenté un café, le puse leche y lo azucaré. Abrí el cajón de los cubiertos para buscar un cuchillo y cortar la única naranja que quedaba en la cesta. Semejante movimiento terminó en la taza volcada, el café inundando el cajón y escurriendo hacia el de abajo, para manchar todos y cada uno de mis manteles. Los saqué, limpié y puse el lavarropas. Preparé lasagna para el almuerzo y mientras se cocinaba, ví el piso de la cocina llenarse de agua. El desagote del lavarropas se había tapado y una catarata de espuma sucia corría libremente. Escurrí el suelo, lo sequé y mi olfato me indicó olor a quemado. Lo que pude rescatar de la lasagna chamuscada alcanzó para el almuerzo de uno. Los otros comimos huevo frito. Lavé los platos y rompí el único vaso que tenía compañero. Traté de calmarme navegando un rato por Internet para comprobar que el salame del service que instaló el router desconfiguró la pc. Decidí entonces mirar televisión, y me enganché anotando los materiales necesarios para hacer un hermoso porta cd. con forma de ataúd. Por teléfono mi jefe me llenó de una cantidad inmoral de trabajo. Redacté diez cartas, las fuí a imprimir y descubrí que no quedaba una gota de tinta en la impresora. Estaba preparando la cena cuando mi hijo me informó que venían cinco compañeros a estudiar (y a comer, por supuesto). Reptando subí a mi dormitorio y ya con sueño profundo y Brad Pitt en la cabeza, me despertó el subconciente para avisarme que no había programado el reloj. Y después de eso sí, no me importó nada más.
No tengo dudas: esto me pasa por la presencia de un alma maligna que pretende hacerme miserable la vida. Así que como forma de protección, decidí escribir una oración antimaleficio que seguramente no dará ningún resultado, pero que el desgraciado se va a tapar las orejas cuando la escuche, seguro.
Espíritu maligno que mi alma ataca
por favor, límpiame la alpaca.
Espíritu maligno, fuera, fuera
esta vez te hago la pera.
Y si aún así insistes en volver
te agujereo el plasma con un revolvér.
Amén
# posteado por Ginger : 11:59 a. m.
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