Se supone que la televisión brinda un momento de diversión y relax después de un día laboral muy cansador, pero suele suceder (con bastante frecuencia) que de los 82 canales que provee mi servicio de cable, nada cubre mis expectativas. De cocina: ¡vade retro!, de aire: un plomazo, para infantiles estoy mayor, películas: todas aburridas, de series: Commander in Chief no me gusta, Could Case ya ví ese capítulo. Y así sigue mi dedo apretando la tecla "avance". Casi sin prestar atención, iba llegando al final de la programación cuando en MTV una cara en primer plano me resultó demasiado familiar. Tan familiar como si la hubiese parido. Cuando el aviso llegó a mi cerebro, había pasado unos tres canales. Volví casi temblando para comprobar que no me equivocaba: la que estaba ahí, saltando y gritando como una desaforada era mi hija. Mi cabeza era un contendor de signos de preguntas. ¿Qué hacía esta chica ahí? ¿cómo? ¿cuándo?. En ese momento entró mi hijo que llegaba de la facultad. "Gonzalo", le dije "pedí una pizza, no comas las albóndigas que provocan alucinaciones. Me parece estar viendo a tu hermana en la tele". Con la pasividad que lo caracteriza, giró su cara, miró el televisor y me respondió: "Ah, sí. A ese programa ya lo dieron diez veces", y como si nada, cerró la puerta y bajó a cenar.
La pantalla seguía mostrandola, ahora bailaba y decía algo así como "¡Qué bueno está Felipe Colombo!" mientras en un segundo plano aparecía una chica vestida de fiesta danzando con el galancete de moda. Para esa altura yo había recuperado la voz, y amorosamente la llamé para pedir explicaciones. Ofendida, se asomó;"¡¡¡MAMÁ!!, no grites que despertás a Mozart!" (en mi casa, el gato tiene categoría V.I.P.). "¿Me decís que hacés en la televisión?". "Ah, ese es el cumpleaños de Sole. Mañana pasan el de Ro y el jueves el de Lu. En esos tengo más letra". Levantó el gato del piso y salió caminando tan tranquila.
Juro no comprar jamás la revista Playboy. Por las dudas.
# posteado por Ginger : 11:45 a. m.
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