RECONTRA APDAPITE: Parece que no sólo soy bruta sinó que también lo demuestro, por causas que desconozco, toqué algo en la parte "Comentarios" y no se podía hacer uso del mismo. Espero haberlo solucionado. Y sino, alguien que me socorra, por favor!
Hay dos cosas puntuales que me marcan el arribo de la primavera. Una es que las calandrias ya no me dejan subir a la terraza y la otra, que mi memoria se empecina en recordar viejos amores pasados. Aunque nunca he sido muy enamoradiza, los que he tenido siempre fueron largos. Esto no quiere decir que perdiera el sentido de la contemplación: sucumbía ante un bonito ejemplar masculino, pero no por eso le entregaba el corazón y otras partes más expuestas de mi cuerpo. Bueno, tampoco resultaba fácil que mis deseos sean correspondidos, yo era de las que se catalogan como "simpáticas".
Mi primer pasión fue Rodolfo Bebán. Aprendí la hora solamente para saber cuando empezaba "El amor tiene cara de mujer". Esos ojitos grises (grises, porque en esa época la televisión era en blanco y negro) hacían que temblara cada vez que me miraban. Lamentablemente, poco tiempo después lo cambiaron por Chuck Connors y su rifle, y no me quedó otra alternativa que olvidarlo.
Cuando mi mamá me obligó a ir a la escuela, conocí el segundo amor. El primer día de clases lo ví, paradito, con su delantal blanco y su carita de ángel. Nada me gustaba más que sentarme enfrente suyo mientras jugabamos a la botellita, para elegir "beso" en caso que el pico me señalara. Él sabía perfectamente de mis sentimientos, y me juraba amor eterno el día que yo pasara por un cirujano plástico. La pasión se me acabó cuando se llenó de granos, tan cruel es la pre-adolescencia con los varoncitos. Por esa época llegó el tercero, que para ser honesta (Sandra, después de treinta años te lo confieso), ni siquiera me gustaba mucho, pero era familiar del amor de mi mejor amiga, y ya se sabe que por esa época lo más importante son las amistades; yo quería que nos dijeramos "primas". Tanto esforzarme por quererlo, para cuando llevaba tres años de perseguirlo hasta le tenía simpatía. El muchacho en cuestión era mucho mayor, terriblemente tímido y bastante pavo. A mediados de la secundaria, la pasión volvió a golpear mi puerta: esta vez por uno de los varones más lindos, amorosos y buenos que conocí. Yo era verdaderamente fea, y él tenía detrás a las chicas más agraciadas. Sin embargo, siempre tuvo una palabra amable hacia mí. Eso sí, pelota nunca me dió. Poco antes de irme a la facultad uno de los "star" (quien viva o vivió en un pueblo sabrá que siempre hay dos o tres por los que suspiran las muchachas) me hizo llegar su intención de noviar. Lo miré de un lado, lo miré del otro y me dije: "esto es mejor que nada" y así pasé un año aprendiendo apicultura y venta de ganado (el señor en cuestión era estanciero). Cuando me dí cuenta que las vacas no me interesaban, le dije adios. Ya en Resistencia conocí al que creo, fue la persona que más me hizo llorar en la vida, más lloraba y más me enamoraba. El día que lo ví por primera vez supe que "él" era el elegido, casi como supo Morfeo que Neo salvaría al mundo. Pero no pudo ser, el amor me quedó trunco por decisión suya, simplemente después de un tiempo se enamoró de otra. Ya por esa época me revoloteaba el que hoy es mi marido. Era lindo, era inteligente, era educado, pero no era Neo. Tanto insistió que un día lo acepté, como quien quiere ver que pasa. Esto fue hace veinticuatro años, y pasó que me casé, tuve dos hijos y hoy puedo decir con la más absoluta certeza: no me equivoqué.
(Le agradezco a Big la inspiración, y se lo dedico a Duda, para que vea que siempre hay algo más)
# posteado por Ginger : 3:59 p. m.
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