Es recurrente, pero cada vez que escucho a alguien alabando las bondades de la femeneidad, me dan ganas de meterle la cabeza en aceite hirviendo. "Me gusta ser mujer", "Las mujeres tienen el don de ser madres", se escucha a cada rato. ¿Qué beneficios?, a las mujeres nos toca la peor parte en esta naturaleza mal distribuída.
Desde que nacemos nos marcan las diferencias, mientras a los varoncitos les regalan pelotas, revólveres y juegos de diversión, a nosotras nos enseñan lo que nos deparará el futuro: baterías de cocina, lavarropas a pilas e infinidades de muñecas a las que debemos vestir, preparar mamaderas y hasta cambiar los pañales. Los niños andan cómodamente con shorts y remeritas mientras que a las niñas nos hacen creer que somos primorosas con vestidos llenos de puntillas acartonadas que debemos mantener impecables. Ni qué decir del pelo: nos lo tironean para ponernos hebillas con flores y vinchas que se clavan en las sienes, para que nadie dude de nuestra condición de mujercitas.
Sufrimos el estado "tabla" en la adolescencia, mientras vemos que ellos (con la cara llena de granos y voz aflautada) sólo se preocupan por la posición que ocuparán en el picadito del domingo.
Cinco días al mes padecemos dolores menstruales, incomodidad y privaciones que los hombres nunca conocerán, y aún así debemos soportar que, cuando no estemos de acuerdo con ellos, nos digan "uff, cuando se te pase la regla, hablamos".
Tener un hijo es maravilloso para ambos padres, sólo que somos las mujeres las que sufrimos las náuseas durante los primeros meses, la deformidad del cuerpo, los pies hinchados, mientras ellos nos consuelan con un "si estas hermosa, mi amor" mirándole el culo a Nazarena Velez. El nacimiento: horas de insoportable dolor hasta que el retoño nace, trabajo sólo nuestro. En caso que al bebé se le ocurra llegar un día que juegue el equipo favorito del padre, este privilegiará el evento deportivo, o, como un acto de generosidad hacia la esposa, pedirá que instalen un tv. en la sala de parto.
Durante el amamantamiento, vemos como nuestra delantera que hasta entonces miraba al cielo, va cayendo lentamente para terminar apuntando a las baldosas cuando el pequeño deja la teta.
Después seremos víctimas de horas en reuniones escolares, visitas al pediatra, control de tareas, porque claro, ellos trabajan. Esa es una ocupaciòn excluyente de la madre.
Cuando los hijos crecen una supone que por fin podrá realizarse ejerciendo la profesión que eligió, o disfrutará de algún paseo acompañada después de tantos años relegados. Pero no, porque a ellos les agarra la crisis de la década de los cuarenta. De repente una mañana descubren que necesitan volver a la adolescencia y sin más explicación, te dicen "me voy porque no soy feliz", como si la vida que llevamos nosotras fuera la de una protagonista de algún cuento de hadas. Ellos siempre encontrarán una ninfa púber con complejo de Electra que los hará revivir sus años alocados y les hará perder hasta el último sentido del ridículo. Es común verlos luciendo las camisetas con inscripciones de Guns and Roses de los hijos y ecuchando música electrónica. Mientras tanto nosotras nos torturamos horas en un gimnasio, tratando de poner en su lugar lo que irremediablemente está caído, nos calcinamos con cera hirviendo para que no queden vestigios de pelos y gastamos fortunas en cremas que nos prometen una apariencia de mujer con dos años menos de los que tenemos. Cuando ellos vuelven (ah sí, porque vuelven. Un día se dan cuenta que la ninfa no quiere saber nada con quedarse el sábado a la noche viendo la décima repetición de Gladiador y aunque es un caramelito, a esta altura ellos padecen diabetes), nosotras los aceptamos, ya no por amor (después de todo ser la dueña del control remoto es muy bueno), sinó por la triste victoria de dejar de ser la "abandonada".
Ojalá el karma terminara aquí, pero ya lo dicen las estadísticas: las mujeres vivimos más que los hombres, así que lo que nos queda será aprender enfermería para atenderlos cuando les lleguen los achaques. Nos sacrificaremos comiendo sin sal por su hipertensión, abandonaremos los fritos por su colesterol y los asistiremos en cada una de sus recaídas. Y cuando todo acabe, ya seremos demasiado viejas para intentar ser un poco felices.
En mi próxima vida quiero ser hombre. Con ser mujer en esta ya tengo suficiente.
# posteado por Ginger : 4:58 p. m.
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