... un blog. En él, las personas dejaban comentarios y a su vez, tenían sus propios blogs. Muchos de ellos respondía a nombres de fantasía que alentaban la imaginación de quienes no los conocían personalmente. Allí se encontraba un hijo de la Pacha Mama, un señora bastante gruñona, un tanguero de ley, una femme fatal, la protagonista de un clàsico y también estaba ella: el hada Melusina de El Unicornio, la novela de Mujica Lainez, aunque su firma no fuera esa.
Poco a poco, los que iban llegando se animaban y, después de estudiar, preguntar e informarse, aprendían el significado de la palabra "link" y al principio con temor, se dirigían a leer lo que escribían otros en su propia casa. Y descubrían un mundo de cuya existencia pocos sabían.
Cuando arribé al de Melusina, entendì que no me habìa equivocado al imaginarla. Bien conocido es que las hadas reparten magia con su varita y, nunca más literal, eso fue lo que sentí.
No me conformé con leer el texto del día, ni con su foto en la pileta junto a la hija de una amiga, yo quería más. Así que retrocedí y seguí leyendo. Al tercer escrito ya había decidido que era parte de mi mundo, aunque ella no lo supiera. Un día tomé coraje y le escribí una carta: "te nombro mi hada madrina" le dije, aunque no con esas palabras. Y ella aceptó. Y desde entonces está para llenarme de magia cada vez que la necesito, o porque sí, de puro generosa que es.
Barbarita escribió en papel lo que antes podíamos ver, pero no tocar.
Ayer, igual que a Romu, me llegó el correo. Y mi casa se iluminó. Sentí esa alegría que uno sólo puede disfrutar cuando el hecho que la provoca es muy importante. Y orgullo. Mucho pero mucho orgullo, por ser distinguida con su amistad.
Te quiero, Barbie.

Quien desee
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