-¿Qué querés de regalo por tu cumpleaños? preguntó Gingero. Una cadena de oro con un brillante incrustado, le respondí. Vos estás loca, me dijo y se fue.
Dos o tres días después comentó al pasar, que debía viajar a Bariloche por trabajo. "¡¡Voy!!" grité.
"NO", me contestó, empezando a sufrir porque cuando yo digo "voy" no es "me gustaría ir", ni "¿me llevás?". Voy es voy. Sólo de buena que soy, adjudiqué el viaje como regalo de cumpleaños, pero aunque hubiésemos estado en marzo, me colaba igual.
Y así, el viernes me recibió la Cordillera, el Nahuel Huapi y Tía Ganga.
Como ya les conté, con ella nos conocemos de comentarios, mails y chat desde hace cuatro años, pero nunca nos habíamos visto la cara. Nos reconocimos de lejos. Ella me esperaba en la puerta del bar donde habíamos quedado en encontrarnos y yo la ví desde que doblé la esquina. Durante tres horas hablamos sin parar, ni siquiera le dimos oportunidad a Gingero de decir palabra.
Tía Ganga es liiiiiiinda, joven, simpatiquísima. Esas personas con las que uno puede pasar conversando 24 horas seguidas sin aburrirse. Nos tomamos dos tremendos jarros de cerveza artesanal y seguimos dándole a la lengua. Ya era de noche cuando nos despedimos, yo prometiendo volver y ella venir, cosa que espero, ambas cumplamos. ¿Quieren conocerla? Aquí se las presento:


A Bariloche fui tres veces. La primera, hace 26 años, la segunda hace cinco y la última ahora. Ustedes saben que soy quejosa, hinchapelotas e insoportable, pero del único lugar donde no encuentro el menor motivo para protestar, es este. Si la naturaleza hizo una obra de arte, se llama Bariloche. Tengo la fortuna de conocer muchos lugares hermosos de mi país, pero ninguno me gusta tanto como esta ciudad. Ni Villa La Angostura, ni San Martín de los Andes. Porque además los barilochenses son las personas más amables que uno pueda imaginarse, todo lo contestan con una sonrisa.
La ciudad es una torre de Babel: uno escucha todas las lenguas del planeta, pero todos quedan tan maravillados que se les nota en la cara. Y hasta se soporta, con cierta melancolía, a los estudiantes que están en viaje de egresados gritando y ocupando las veredas.
Pero no tiene sentido que se los escriba, mejor miren. Sólo una sugerencia me queda por hacerles: no se lo pierdan. No dejen de ir. A los amigos extranjeros que tengan intenciones de venir a pasear por Argentina, exijan que les incluyan un tour hasta allá, y a los argentinos, vayan, vayan, vayan. Será el dinero mejor invertido.
(Vienen 3 álbunes con quichicientas fotos, preparense)Corrección de errores: La foto 1 del primer álbum es Lago Escondido, y la N° 9 es Bahía López