Una de las características de este país es la cantidad de inmigrantes que lo pueblan. Casi todos somos descendientes de algún europeo o asiático que llegó buscando "hacerse la América".
Así vinieron españoles e instalaron bares y panaderías, japoneses que abrieron tintorerías, italianos que se dedicaban a la construcción, alemanes que fabricaban cerveza, judíos que confeccionaban ropa.
Por estos días, llegan extranjeros de otras naciones: bolivianos dueños de verdulerías, coreanos que hacen competencia a los judíos, argelinos expertos en indigencia, chinos supermercadistas y gitanos que venden autos.
Mi barrio está plagado de estos dos últimos. No soy xenófoba y me daría lo mismo si fueran argentinos, pero son chinos y gitanos. Y los odio. Los detesto con toda mi alma. No a todos, sólo a los que viven en mi barrio.
Cada mañana sufro la persecucion de gitanas que pretenden leerme la mano. Me siguen al grito de "leeenda, que te digo el futuro". No alcanza con decirles que no. Ellas insisten. "leeenda, que te cambio la soerte". Un día, cansada de tanto acoso, les contesté de manera agresiva. Para ser exacta, les dije: "dejame de hinchar gitana de mierda y andá a bañarte". La mujer me miró con cara de odio y me contestó: "que si no me das un bellete te hecho una maldeceón". Eso fue demasiado para mis hormonas alteradas. Me paré frente a ella, entorné los ojos, endurecí los músculos de la cara y le grité: "Ahora la maldición te la hecho yo: SUBENESTRUJENEMPUJENBAJEN", que fue lo único que se me ocurrió en ese momento y me sonó lo más parecido a un insulto en lengua inédita. Afortunadamente, la gitana no conocía el chiste sobre cómo se dice colectivo en alemán, porque me miró espantada, giró sobre sus talones y huyó. Desde ese día, cuando me ven cruzan la calle.
Después tenemos al supermercado chino, exactamente debajo de mi edificio. Es grande, caro, mugriento pero me queda cómodo. Ni siquiera tengo que mojarme cuando llueve. Claro que el costo de comprarles se está tornado exagerado. Hay que soportar el malhumor y la irrespetuosidad de los dueños. No tiene sentido consultar nada, la respuesta a cualquier pregunta es la misma: "no entiendo", y una se queda sin saber si el precio del puré de tomate es el que está justo entre las latas y las botellas, o ese corresponde al papel higiénico.
Es necesario saber matemática cuántica para controlar el vuelto, porque tienen una rapidez admirable para quedarse con más de lo que dice la cuenta. Y ante el reclamo, te tiran la diferencia al piso como forma de humillarte por haberte avivado. De más está decir que redondean para arriba, si el valor es de, supongamos, $1,72, ellos siempre te cobrarán $1,75.
Hace poco tuve un altercado serio con la chinita de la caja, la persona más odiosa y desagradable que conocí después de Sofovich. Le pagué con $100 y me daba vuelto de $10. Cuando le dije que estaba equivocada, empezó a gritarme en su idioma (que a esta altura no sé si es chino, esperanto o griego) y deduje que se negaba a reconocerlo. Justo se le ocurrió montar ese espectáculo un día que yo andaba con los cables pelados. Justo. Empecé a gritar también (ni recuerdo qué) y era tan grande el escándalo que la gente empezó a reunirse a nuestro alrededor para ver que sucedía y no perderse de nada en caso que hubiese boxeo. A mayores alaridos, más me envalentonaba, hasta que terminé parada arriba de la cinta del mostrador de cobro, dando una clase magistral sobre robo, hurto y estafa. Obviamente, esto provocó que vinieran los chinos viejos a ver que sucedía. La china les explicaba en su idioma, y yo en el mío, cosa que no entendieran ni uno ni el otro por el coro de voces mezcladas. Después de unos quince minutos de riña, la china sacó todos los billetes y ¡oh casualidad! mis cien pesos estaban debajo de todos los de 10. Lejos de pedirme disculpas, me tiró el vuelto correcto por la cara y siguió cobrando al siguiente de la fila. Me fui jurando y rejurando no volver nunca más... hasta que necesitara comprar otra cosa. Pero desde entonces me miran con cuidado. Me cobran de más, pero con respeto.
Y como acto de reconciliación, les regalé un cuadrito fileteado, para que tengan a la vista. Dice: "A jodida y peleadora, nada mejor que una argentina de pura cepa".
# posteado por Ginger : 8:40 a. m.
haloscan |

