Una de las peores consecuencias de los años es la disminución del ritmo de trabajo. Antes terminaba las tareas del hogar al mediodía y disponía de toda la tarde para mí. Ahora no logro que el tiempo me alcance y por mucho esfuerzo que ponga, siempre me queda algo por hacer.
Por ejemplo, ayer estaba planchando un pantalón de mi marido cuando me dí cuenta que le faltaba un botón. Fuí hasta el cajón donde guardo el costurero y antes de llegar ví que no había puesto la ropa a lavar, así que corrí a buscar el canasto, pero al sacarlo encontré la bolsa con semillas de geranios que debía plantar. La llevé hasta el balcón donde comprobé que me faltaba la pala para remover la tierra. En la caja también estaba el foco nuevo para el velador de mi mesa de luz. Decidí cambiarlo en ese momento para no olvidarme después. Al lado del velador estaba el libro que leo por estos días y recordé que tenía intención de anotar una palabra que me llamó la atención. Fuí hasta la heladera a buscar los anteojos (porque yo los guardo ahí para no perderlos), y encontré la carne congelada, que debía preparar al otro día. Las saqué del freezer y las dejé sobre la mesada, viendo las tazas de la merienda amontonadas en la pileta de lavar. Abrí la canilla y puse detergente en la esponja cuando sonó el teléfono. Mientras hablaba con mi amiga recordé que debía poner a cargar el aparato que se estaba quedando sin baterías. Eran cerca de las doce de la noche cuando cortamos, hora de irme a dormir.
Esta mañana me desperté exageradamente cansada, quise llamar a la empresa pero el teléfono estaba descargado, fuí a preparar el desayuno y no encontré tazas limpias para servirme café, debí pensar en otra comida para el almuerzo porque la carne, sin la cadena de frío, despedía un fuerte olor a podrido, al levantarme traté de prender el velador, pero como el foco estaba quemado tiré el libro al suelo, perdiendo la página marcada, abrí la puerta del balcón y ví que la bolsa de semillas estaba vacía porque el viento nocturno las había desparramado, sembrando de geranios la calle, el uniforme de colegio de mi hija estaba sucio y debió ir con ropa de calle y encima tuve que soportar a mi marido gritando porque al pantalón que quiso usar, le faltaba un botón.
Todavía no comprendo en qué momento dejé de ser Mujer Maravilla.

Foto para Anaik. Ella insistió en que me ponga los shorcitos azules...
# posteado por Ginger : 11:33 a. m.
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