Si buscan en la memoria, seguro que conocen a alguien asi. Mi ventaja es tenerlo cerca y verlo seguido.
El Señor Paxton es una de esas personas para las cuales la palabra "imposible" no figura en su vocabulario. Sabe hacer todo y todo lo hace bien. Se toma su tiempo, eso si. Para que comprendan el concepto, les relato una pequeña anécdota: hace mucho sus padres hicieron un viaje por Europa. Para sorprenderlos a su regreso, él decidió empapelar el dormitorio. El trabajo le llevó tres años y medio, pero quedó tan perfecto que décadas después, cuando nosotros compramos este departamento que era su casa, los albañiles lucharon días enteros para despegarlo.
No hay nadie tan predispuesto: un día mientras comíamos bagnacauda en mi casa, alguien sugirió la posibilidad de hacer un viaje al sur. "Vamos", dijo Paxton, y tres meses después, en pleno julio, partimos en su camioneta Tata Sumo con capacidad para 9 pasajeros y medio, 11. 1600 kms. a una velocidad máxima de 70 km/h. Hasta el día de hoy mis hijos recuerdan esas vacaciones como las más divertidas de su vida. Fue en ese mismo viaje donde perdimos dos niños en el Bosque de Arrayanes y mientras todos los buscábamos, él se dedicaba a comprar truchas. La historia fue más o menos así: habíamos arreglado con un pescador encontrarnos en un punto de Villa La Angostura para que nos proveyera el pescado. Mientras hacíamos tiempo, decidimos recorrer la ciudad. Los siete chicos que llevabámos subieron hasta la cima del bosque, se dispersaron y dos no regresaron. Como caía la tarde empezamos a preocuparnos y salimos todos en rastrillaje para dar con ellos, olvidando nuestra cita que era por esas horas. Cuando por fin los encontramos, y para sorpresa nuestra, debajo de un asiento de la camioneta estaban las flamantes truchas. "Ya habíamos perdido dos pibes, no íbamos a perder las truchas también", fue el impecable razonamiento de Paxton.
Otro año, en Villa Gesell, mientras recorríamos la ciudad, él se quedó en un puesto de la feria artesanal armando un juego de ingenio casi imposible de realizar. Para desesperación del vendedor, no sólo lo logró sino que además no se lo compró (¿para qué, si ya lo había conseguido?).
Siendo Gingero un absoluto inútil a la hora de arreglar algo, está Paxton para solucionarlo. Aprovecho esta oportunidad para decirle que necesito conectar la luz de entrada. No crean que se va a olvidar, dentro de seis o siete meses llegará con su equipo de electricista y yo tendré iluminación.
Pero su máxima consagración fue este domingo. Como todos (o la mayoría al menos) saben, en Argentina hay un serio conflicto entre el campo y el gobierno, y como resultado del mismo los comercios no venden carne desde hace unos 20 días. El sábado a la tarde, mi marido que es un seguidor incansable de cosas difíciles, comentó sus ganas desesperantes (porque él se rige en esos términos: si es complicado lo quiere ya), de comer asado. Paxton rápidamente nos invitó a su casa para el día siguiente: él se encargaría de hacerlo. Lo miramos sonriendo porque era más fácil conseguir la conversión de un mormón que carne. Al día siguiente el teléfono sonó a las 12 en punto. 6 kilos de asado tierno se doraban en la parrilla.
Si me permiten, voy a sugerirles que incluyan a un Paxton en su vida. Les enseñará que no hay imposibles cuando de voluntad se trata, y de la mejor manera: con una sonrisa.
# posteado por Ginger : 10:25 a. m.
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