¿No eras vos el que decías quererme tanto? ¿Entonces porqué no fuiste capaz de esperar 23 años hasta que yo me decidiera?
No, no, no. No me vengas con que no me viste en ese tiempo, ni que tampoco te dí señales de vida. Si realmente me hubieses amado, ninguna mujer tendría que ocupar mi lugar.
Falsas!. Todas tus palabras fueron falsas!. Bastó que pasara poco tiempo (seis o siete años, que más da) para que te fijaras en otra. ¡Tampoco me sirve de excusa que vivas a 16000 kms. de distancia!. El amor no entiende de países ni aviones. Lo que tenías que hacer era aguardar mi llamado y venirte corriendo.
¿Cómo que estoy loca? ¡Te exijo que cumplas tu palabra!
¿Dejé de importarte decís? ¿YO? ¿Yo dejé de importarte? ¡Cretino, desgraciado!
¡Qué me interesa que tengas hijos y seas feliz! ¡Reconocé que te casaste con ella solo para tratar de olvidarme pero no lo conseguiste!
Si, sí, ya sé que en su momento te rechacé, pero acordate bien de mis palabras "Hoy no te quiero, pero dentro de un tiempo quien te dice..."
Perrr... ¡no! ¡Dejá de recomendarme psiquiatras porque el que los necesita sos vos!
¡Mirá que me estoy cansando! ¡No te atrevas a cortarme! ¿Ah sí?, bueno, ¿sabés qué? Ahora me perdiste. ¡Me perdiste para siempre, ¿entendes?!.
Esta historia es ficticia y cualquier parecido con la realidad es más o menos cierta.
A las mujeres nos llega inexorablemente como la menopausia. En algún momento de nuestras vidas nos agarra nostalgia por aquellos que nos declararon su amor décadas atrás. En realidad, el sujeto no nos importa nada, es el hecho de que nos amaran incondicionalmente lo que extrañamos, aún si estamos felizmente casadas y con hijos maravillosos.
El problema es que el sentimiento que supimos despertar viene en un envase humano, y es a él a quien debemos dirigirnos.
Y es en ese momento cuando decidimos reclamar lo que nos corresponde. Debo aclarar que en todos los casos se trata de varones a los que abandonamos o rechazamos, nunca a la inversa. Los que nos hicieron sufrir y derramar lágrimas, después de muchos años quedan guardados en un cajón de la memoria con el rótulo de "Estúpidos indeseables, vos te lo perdiste".
Como ya dije, al igual que la menopausia, la nostalgia por los amores abandonados es un acto meramente femenino. O por lo menos, a mi nunca me buscó ninguno para reclamarme nada.
En el 90% de las veces, el recuerdo que dejamos en el aludido no es bueno. No se trata que hayamos sido perversas con ellos, o sí, pero supimos disimularlo. El dilema se genera porque los amores de juventud tienden a ser muy extremistas: nos aman con la misma intensidad que nos odian cuando no nos consiguen. Y como resabio, el tiempo nos manda derecho al olvido, cosa que ninguna mujer podrá soportar.
Seremos capaces de apelar a cualquier recurso para ocupar sus pensamientos, y lo lograremos, pero no ya como "el amor de sus vidas" sino "¿cómo me saco esta loca de encima?".
Y a nosotras se nos pasa del mismo modo en que llegó. Por aburrimiento muchas veces, o porque nos acordamos de otro: una nueva víctima a quien torturar.
Así que señores lectores de este blog, tengan presentes que un día alguna dama irá a cobrar lo que les deben. A jorobarse. Las mujeres somos memoriosas y los hombres esclavos de sus palabras.
Dedicado a G., que es un idiota desgraciado y tiene menos memoria que una máquina de escribir Olivetti.
# posteado por Ginger : 12:21 p. m.
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