Si nos duele la garganta y el cuerpo, tenemos la nariz congestionada y ganas de estar tirados en la cama sin abrir los ojos decimos que tenemos gripe. Sin embargo, tal afirmación no tiene absoluta veracidad hasta que un profesional de la medicina nos revisa, escucha el sonido de los pulmones, mira el color de los mocos y nos dice con total seguridad: "Señora, usted tiene gripe".
Toda esta explicación previa es para contar que desde ayer estoy matriculada de chiflada. Yo lo suponía y ustedes lo sabían, pero ahora tengo pruebas fehacientes del hecho. Es que me dieron el alta psicológica. ¿Cómo se entiende que me den el alta si justamente, lo que se pretende en una terapia es curar la chifladura?. Es que yo, mis queridos, soy un caso perdido para los especialistas en salud mental. Y el que lo dude, que pida mi historia clínica.
Cuando empecé las sesiones, el principal objetivo era "superar la expectativa angustiosa", que traducido al cristiano quiere decir algo así como que supongo que lo que vaya a pasarle a mis seres queridos en un futuro, será irremediablemente malo. ¿Más fácil?: si suena el teléfono, inmediatamente creo que quien me llame me dará una mala noticia, o será un telemarketer, que para el caso es lo mismo.
El segundo objetivo era "aceptar la muerte como parte inseparable de la vida", que vendría a ser lo mismo que lo anterior, pero con otras palabras.
Durante 20 semanas expuse mis argumentos y en ese mismo tiempo escuché las respuestas racionales de la psicóloga. El problema es que lo que menos tengo es racionalidad. Su principal argumento era "los condicionales no existen en la vida real" (traducción: uno no puede vivir pensando en el "y si hubiese pasado tal cosa", porque no pasaron y no hay garantías que pasaran como uno supone que podrían haber pasado. [Ahora me repiten 10 veces este trabalenguas sin equivocarse, eh?]. Lo mismo para el futuro).
Más o menos por la sesión 7 me había cansado de discutir sobre lo mismo sin llegar a ninguna solución, así que empecé a cuestionar a Freud. Ya les aclaré que yo de racionalidad no tengo nada, y sí mucho de arriesgada. ¿No es una manera muy cómoda de evadir responsabilidades decir que uno actúa de tal manera, equivocándose y echando la culpa a los padres por haberlos retado de chico?. Que a mis hijos no se les ocurra hacerme cargo de nada porque los emboco ya mismo, y en lugar de ver un psiquiatra van a tener que acudir a un traumatólogo.
En resumen, llegadas las 20 entrevistas admitidas por la obra social, la terapeuta me leyó sus conclusiones:
- Con respecto al primer objetivo, dijo, pudiste superar la expectativa en lo que respecta a tu mamá.
La quedé mirando, tratando de determinar si me lo decía en serio o era una broma. A menos que mi vieja tenga línea telefónica en el más allá, veo un poco raro que me llamen para darme una mala noticia sobre su salud. Aunque pensandolo bien, como era bastante hinchapelotas, le pudo dejar encargado al cuidador del cementerio que cada tanto me pida que la cambie de lugar porque no le gustan los vecinos...
-Con respecto al segundo, siguió, pudiste aceptar que la muerte es irremediable y no tiene solución. Y aquí concluye el tratamiento.
Me preocupé. Juro que me preocupé. Mi problema no eran los que se habían ido, sino los que quedaban. Se lo planteé con una pregunta: ¿Y qué hago con respecto a los terrores con mi papá y con mis hijos?. "Eso hay que tratarlo con psicoanálisis, pero en una terapia muchísimo más larga y posiblemente, con medicación", me contestó alegremente.
"¿Entonces tengo el alta pero no me curé?",
"Y... no".
Así que como les digo, soy loca diplomada. No cualquiera. Una masa la psicología.
Pd: De todos modos, la psicóloga que me atendía era un placer de persona. Aunque la mato en el texto, de verdad, la quiero mucho.
# posteado por Ginger : 8:27 a. m.
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